López Obrador y el Futuro en Materia Petrolera

Actualizado: 12 de mar de 2019


La reforma energética ha hecho posible la inversión privada en materia del petróleo mexicano y aún no se han producido los resultados positivos que se esperaban.

¿Qué Sucede?

Pemex había sido un pilar fundamental en la economía mexicana, hasta que bajó su producción, no le favorecieron las fluctuaciones económicas y tuvo que realizar adecuaciones legales en la Constitución del país y en las leyes secundarias, para permitir la inversión privada, como parte de la reforma energética.

¿Por qué es Importante?

Como aún no se han visto reflejados resultados positivos derivados de la reforma energética, en lo que concierne a la industria petrolera, esto ha generado descontento en la población y el nuevo presidente electo ha ofrecido revertir las medidas adoptadas y aplicar nuevas estrategias que remedien la situación.

¿Cómo Afecta?

Las decisiones gubernamentales que asuma Andrés Manuel López Obrador con respecto a la reforma energética y específicamente en lo concerniente al petróleo, serán fundamentales para el país y podrán provocar efectos positivos o negativos, ya que existen muchos factores en juego que deberán valorarse.

Artículo Completo

La empresa Pemex se formó a partir de la expropiación de 17 empresas inglesas y estadunidenses el 18 de marzo de 1938 por el entonces presidente Lázaro Cárdenas, después de un conflicto laboral con esas compañías, lo que generó un sentimiento nacionalista en la mayoría de los mexicanos.

Fue creada el 7 de junio de ese mismo año, y se convirtió en la mayor compañía del país y, en razón de sus ingresos, en la décimo tercera mayor empresa del continente americano.

En 1974, Pemex se convirtió en uno de los más importantes exportadores de crudo, gracias a los descubrimientos y explotación del yacimiento de Cantarell, en la Sonda de Campeche situada en el Golfo de México, cuyas reservas alcanzaron los 40.194 millones de barriles.

En 2012 Pemex obtuvo ingresos totales por 126 mil millones de dólares, el mayor nivel de su historia, debido a la estabilidad de su plataforma de explotación y a los altos precios internacionales del crudo, lo que supuso un incremento del 28.9 % respecto a los 98.200 millones de dólares de 2008.

A pesar de ello, sus ingresos distan mucho de los registrados por las petroleras estadounidenses Exxon Mobil, con 452.900 millones de dólares, y Chevron, con 245.600 millones de dólares.

La brasileña Petrobras, que en 1997 dejó de ser un monopolio para convertirse en una empresa mixta con un 38 % de su capital en poder del Estado y el resto en compañías privadas, registró el año pasado ingresos de 145.900 millones de dólares.

En el año 2012, Pemex continuaba siendo una empresa rentable, cuyos ingresos brutos sumaron 62.600 millones de dólares, mientras que su rendimiento antes de impuestos, intereses, depreciación y amortización, ascendió a 88.000 millones de dólares.

Sus ingresos se han equiparado a la suma de los correspondientes a las cinco principales compañías privadas del país: América Móvil, Walmart de México, Femsa, Cemex y Alfa, de acuerdo con un listado de la Bolsa Mexicana de Valores.

A partir su origen, Pemex se convirtió en la columna vertebral de las finanzas públicas y ha aportado desde entonces más de una tercera parte de la recaudación fiscal, cifra que ha fluctuado debido a los precios internacionales entre el 31 y el 38 % en los últimos años. Asimismo, la contribución al PIB de los ingresos petroleros, se ha ubicado entre el 8,7 y el 7,4 % en el mismo periodo.

Hasta el sexenio anterior, el gobierno mexicano, a través de Petróleos Mexicanos (Pemex), había mantenido la propiedad de la Nación sobre los hidrocarburos en el subsuelo, sólidos, líquidos y gaseosos y existía la prohibición de otorgar concesiones, al basarse en la conducción decidida e irrenunciable de las actividades del sector por parte del Estado, en el entendido de que sólo éste podía disponer de los recursos del subsuelo.

Sin embargo, las reservas petrolíferas se redujeron, bajaron los precios de los barriles de petróleo a nivel mundial y la situación económica de Pemex se vio afectada, debido a lo cual, por primera vez en 53 años, Enrique Peña Nieto, el presidente de la república, propuso al Congreso de la Unión, modificar la Constitución para que se pudiera invertir capital privado en el sector energético.

Se planteó entonces, con respecto al artículo 27 constitucional, la reforma a la eliminación de su párrafo sexto, para que se permitiera la participación de la iniciativa privada en el procesamiento de gas natural y la refinación del petróleo, así como el transporte, almacenamiento, distribución y comercialización de dichos productos y sus derivados, lo que después de varios debates y posiciones encontradas, fue aprobado, junto con leyes secundarias publicadas el 11 de agosto del 2014.

Parte de los objetivos de esta reforma consiste en una agresiva estrategia de extracción de hidrocarburos para aumentar la producción petrolera, con el riesgo de agotar las reservas existentes, de no encontrarse nuevos yacimientos en aguas más profundas, lo que implica el uso de costosas tecnologías de perforación y extracción.

Sergio O. Saldaña Zorrilla, doctor en Economía por la Universidad de Viena, en Austria, ex funcionario de la Cepal en Santiago de Chile, actualmente investigador del International Institute for Applied Systems Analysis (IIASA), en Laxenburg, Austria, y del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del Conacyt, opina que a pesar de las nuevas estrategias relacionadas con la reforma energética, continuará la baja producción de petróleo de Pemex, aunada a la transferencia de riqueza al exterior, la baja inversión pública, insuficiente creación de empleos y debilitamiento del mercado interno, con lo que la presión sobre la paraestatal volverá a aumentar, sosteniéndose una alta carga fiscal a este organismo, que le impedirá, nuevamente, aumentar su producción.

Todo esto viene a colación, porque Petróleos Mexicanos perdió 163.172 millones de pesos (unos 8.790 millones de dólares) en el segundo trimestre del año 2018, y el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, prometió aumentar la producción de 1,8 a 2,5 millones de barriles diarios.

El resultado de Pemex se compara con una utilidad neta de 32.780 millones de pesos (unos 1.766 millones de dólares) en el segundo trimestre de 2017.

La paraestatal informó que la depreciación del peso frente al dólar ocasionó una pérdida cambiaria de 118.300 millones de pesos (unos 6.370 millones de dólares), debido a que, en el segundo trimestre, el peso mexicano pasó de 18,34 unidades por dólar a 19,86.

Sin embargo, se dijo también que las ventas totales de Pemex aumentaron 36% para llegar a 436.174 millones de pesos (unos 23.400 millones de dólares), en virtud de que hubo una recuperación en los precios internacionales del petróleo y debido a la liberación de los precios de la gasolina y el diésel en México.

La empresa dijo que su producción de crudo promedió 1,8 millones de barriles por día, lo cual se traduce en una reducción de 7,3% frente al segundo trimestre de 2017.

Con al agotamiento del yacimiento de Cantarell, en el Golfo de México, la producción de la petrolera mexicana ha ido menguando desde 2004, cuando producía 3,3 mbd.

El gobierno del presidente saliente Enrique Peña Nieto buscó detener ese declive por medio de la citada reforma energética, que abrió el sector por primera vez al capital privado en más de 70 años.

Al respecto, el presidente electo Andrés Manuel López Obrador acusó recientemente a los gobiernos anteriores, de haber "abandonado" el sector energético y prometió aumentar la producción con millonarias inversiones en exploración y producción.

"Vamos a intervenir con urgencia (...) vamos a aumentar en dos años 600.000 barriles diarios", señaló el político tabasqueño en rueda de prensa.

Pemex suele participar en las licitaciones que permite la citada reforma y en los "farm outs", proyectos intensivos como el que tiene con la australiana BHP Billiton desde 2016.

Sin embargo, se espera que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que asumirá la presidencia el 1° de diciembre de este año, realice una investigación sobre las licitaciones petroleras, para verificar que no hayan existido anomalías o actos de corrupción.

En lo que alude a la reforma energética, López obrador se comprometió durante su campaña a revertirla, y a dar marcha atrás en la liberación del precio de la gasolina. Sus críticas le reportaron un buen número de votos, porque la reforma energética es impopular. De acuerdo con las encuestas, más de 70% de la población está en contra de ella.

En su calidad de presidente electo, López Obrador tendrá que decidir si va en contra de dicha reforma energética, ya que suprimirla podría aportarle rentabilidad política, pero de igual manera habría que valorar los enormes costos económicos producidos, pues implicaría indemnizar a los empresarios privados que tienen contratos y agregar la merma económica provocada por la pérdida de confianza de los inversionistas extranjeros, lo cual traería aparejados la salida de un número importante de dólares y riesgos en la calificación crediticia. Además, el otro costo fundamental sería volver al punto que originó la reforma: un gobierno sin fondos suficientes para salvar a Pemex, carente de capacidad financiera y administrativa para reinventarse.

Morena cuenta con mayoría en el nuevo Congreso mexicano y con la posibilidad de hacer alianzas, lo cual representa un escenario que no se veía desde tiempos de Carlos Salinas, en 1991. Ésa es una de las cosas que preocupan a los analistas financieros y a las agencias calificadoras; sin embargo, no es un hecho que López Obrador aproveche esta situación para poder dar marcha atrás en la reforma energética, pues deberá valorar muy bien, con el apoyo de su equipo de trabajo, los efectos que traería asumir una u otra decisión.

Cabe señalar que el próximo gobierno tendrá una posición privilegiada, en el caso de la reforma energética, pues la administración de Peña Nieto asumió la mayor parte de los costos y entregará el poder en un momento en el que podrían comenzar a darse resultados positivos, debido a que hay 200,000 millones de dólares de inversiones comprometidas para los próximos 15 años en el sector energético.

Según algunos analistas, como Luis Miguel González de El Economista, la producción petrolera ya tocó fondo (después de 14 años de caídas) y empieza a recuperarse.

Las empresas privadas han empezado a hacer inversiones y generar derrama en un sector, que hasta hace un lustro dependía de la capacidad de inversión de Pemex.

Debemos tener en cuenta que Moody's, la institución calificadora, a través de un comunicado, indicó que el principal riesgo financiero para PEMEX tiene que ver con la propuesta del nuevo gobierno mexicano de construir dos nuevas refinerías con una capacidad de producción de 300,000 barriles por día, o una refinería con el doble de tamaño, ya que las nuevas refinerías pueden terminar costando múltiples veces el monto original presupuestado.

"De llevarse a cabo los planes de estas refinerías, mismos que todavía no están confirmados, los indicadores crediticios de Pemex se debilitarían por el financiamiento de una inversión de este tipo con deuda, al mismo tiempo que se distraerían recursos que la compañía necesita dedicar de manera primordial a la producción de petróleo y gas", señaló Nymia Almeida, analista de Moody's.

La calificadora destacó además que el plan de controlar los precios del combustible, dirigir inversiones a la construcción o mejora de refinerías, y de potencialmente retrasar las subastas de petróleo y de gas, provoca incertidumbre en torno a si Pemex puede continuar aprovechando los precios favorables del petróleo y resultar atractivo para los inversionistas extranjeros.

"Las operaciones y calidad crediticia de PEMEX han mejorado lentamente desde 2016, después de hacer ajustes importantes a sus gastos operativos e inversiones de capital", afirmó Nymia Almeida.

La empresa productiva del Estado comenzó a asociarse con compañías privadas de petróleo y gas después que el sector se abriera a la inversión extranjera en 2014, y cerró su primer contrato de "farmout" en el año 2016.

Otro riesgo indicado por la calificadora que afectaría las finanzas de PEMEX, sería que el nuevo gobierno controlara los precios del combustible. Al respecto, los precios del crudo se han incrementado y el debilitamiento del peso ha encarecido la producción del combustible. PEMEX paga el crudo en dólares americanos, sin considerar si lo produce o lo importa. Actualmente, los impuestos representan alrededor de 30% de los precios del combustible puesto en las bombas despachadoras.

"La nueva administración pudiera ajustar los impuestos para mantener la estabilidad de precios, pero ajustar los precios del combustible en línea con la inflación provoca incertidumbre sobre la generación de efectivo para Pemex", destacó Nymia Almeida.

El tercer riesgo tiene que ver con las asociaciones extranjeras y con el hecho de saber si PEMEX tendrá la capacidad para continuar haciendo estas asociaciones, advirtió la empresa calificadora.

Bibliografía

*González, Luis Miguel. El Economista. 4 de julio de 2018.

*Saldaña, Zorrilla, Sergio O. Forbes. Diciembre 22 de 2014.

* Almeida, Nymia. Moody’s, Calificadora.


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