Se Debilita el Poder de Angela Merkel en Alemania y en la Unión Europea



A pesar de haber ganado nuevamente las elecciones, el poder de la canciller alemana Angela Merkel se debilita en su país y en la Unión Europea.

¿Qué Sucede?

Alemania se ha caracterizado por ser una potencia económica y dar un buen nivel de vida a su población, pero en los tiempos recientes ha cambiado dicha situación y además ha crecido el rechazo de los alemanes hacia los inmigrantes.

¿Por qué es Importante?

Alemania se caracterizaba por ser uno de los países más fuertes de la Unión Europea y Angela Merkel ejercía el liderazgo en dicha región, pero al debilitarse su poder y el del partido que le permitió reelegirse, la figura de Emmanuel Macron, el presidente de Francia, ha crecido y le disputa ahora esa posición.

¿Cómo Afecta?

La situación económica actual en Alemania ha propiciado que aumente el costo de las rentas y se ofrezcan empleos de medio tiempo sin prestaciones sociales, lo cual afecta a las clases media y baja, a lo que se ha sumado el rechazo hacia los inmigrantes, por considerar que los recursos económicos que son destinados para ellos, deberían aplicarse en beneficio de los alemanes.

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Desde hace muchos años, Alemania se ha caracterizado por ser la potencia económica más fuerte de la Unión Europea. Cuando se creó el euro, la nueva moneda europea, en el año 2002, muchos alemanes despidieron con tristeza al marco alemán, que después de la Segunda Guerra Mundial era el símbolo de la identidad nacional. Gracias a la “locomotora alemana”, la economía europea avanzaba y sigue avanzando.

Hasta el año 2017, Angela Merkel fue descrita por la prensa como la jefa de gobierno más poderosa de Europa, pero las elecciones en el otoño del mismo año le quitaron una parte de su poder. Su partido, la Unión Demócrata Cristiana, había perdido muchos votos, pero seguía siendo el partido más fuerte. El partido de extrema derecha Acción para Alemania, obtuvo el trece por ciento de los votos, lo cual es preocupante en un país donde los grandes partidos populares, los cristianos demócratas y los socialdemócratas, conseguían por lo general alrededor del 80 por ciento de los votos.

En las siguientes elecciones, ambos partidos que obtuvieron ahora una mayoría de un poco más del 50 por ciento para gobernar, probablemente no alcanzarán la mitad de los votos, porque la extrema derecha y la izquierda, están creciendo constantemente. Ante ese escenario, los políticos radicales le quitarían su lugar a los políticos moderados de los partidos populares.

En los países bajos y en Francia, la extrema derecha ya estaba a punto de ganar las elecciones, pero el moderado Emmanuel Macron venció a la líder del Front National Marie Le Pen. Este antiguo banquero gobierna ahora con una amplia mayoría, y dentro de la Unión Europea tiene más fuerza que Merkel, que tardó mucho tiempo en formar un nuevo gobierno después de las elecciones de septiembre del 2017.

Ahora la canciller, ya no tiene el apoyo incondicional de los líderes de su propio partido. Así el bávaro Horst Seehofer, secretario de gobernación, provocó en junio una crisis de gobierno, al exigir controles en las fronteras alemanas para rechazar a inmigrantes. Merkel le contestó que sólo en las fronteras exteriores de la Unión Europea se podían realizar estos controles; como pronto habrá lecciones estatales en Baviera, Seehofer quería manifestar públicamente su inconformidad con la política migratoria de la canciller y con su línea dura trató de quitarle votos a la extrema derecha. Pero el precio de la política es elevado, porque corre el riesgo de dividir el partido de Merkel. Mientras ésta se pelea con Seehofer, Macron se está convirtiendo en el hombre fuerte de la Unión Europea.

A diferencia de su colega alemana, nunca había dado la bienvenida a la gran cantidad de refugiados sirios que llegaron hace pocos años a Europa del norte. Al principio, muchos alemanes recibieron con los brazos abiertos a los árabes que llegaron en gran cantidad, mientas otros se molestaron. La población más desfavorecida, tiene la impresión de que se gasta mucho dinero en los extranjeros, porque después faltan recursos para la asistencia social de los alemanes.

Los alemanes descontentos, leen en los periódicos que los ingresos del gobierno están creciendo, porque la economía avanza viento en popa y el desempleo está bajando, pues cada vez hay más empleos, pero una gran cantidad de éstos son mal pagados. Por todos lados se busca personal de medio tiempo, sin prestaciones sociales. Son trabajos temporales para amas de casa o jubilados, que quieren mejorar los ingresos de la familia y recibir unos 450 euros libres de impuestos.

Muchas plazas de tiempo completo por las cuales se paga más de mil euros de sueldo mensual, más prestaciones sociales, se dividen ahora en dos de medio tiempo; así, el dueño de un restaurante puede despedir y volver a emplear a sus meseros, según las necesidades de su negocio.

Las ventajas de este sistema radican en que garantizan flexibilidad y es de bajo costo para los empresarios, pero los empleados no tienen seguro social ni derechos laborales.

Existen también las agencias de colocación, que mandan a las empresas los trabajadores y profesionistas que necesitan por un tiempo. Así, la empresa no tiene ninguna responsabilidad laboral, con respecto a estos trabajadores.

Estas prácticas son comunes en muchos países, pero los alemanes están acostumbrados a altos sueldos y a una seguridad laboral casi infalible. Sin embargo, ahora para un sector más amplio de la población, un empleo seguro, bien pagado y con derecho a jubilación, es un deseo que tal vez nunca se va a cumplir.

Otro asunto que angustia a los alemanes y no aparece en las estadísticas, es el monto de las rentas de vivienda y los precios inmobiliarios. A diferencia de los habitantes de otros países, la mayoría de los alemanes no se preocupa por comprar una casa propia. Hasta hace poco las rentas casi no subían, pero actualmente se encarecen muchísimo, sobre todo en las grandes ciudades. Muchas personas se ven obligadas a abandonar sus departamentos en zonas céntricas, donde habían pasado la mayor parte de una vida, para rentar una vivienda en la periferia de su ciudad. Así, una persona mayor con una modesta jubilación, tiene que abandonar su casa y sus vecinos de toda la vida, porque al dueño del edificio se le ocurrió modernizarlo para poder aumentar mucho la renta. Esta situación despierta también la xenofobia, porque se ve que para los asilados se construyen edificios de departamentos sociales. Obviamente los asilados tampoco viven en condiciones óptimas, pero los alemanes desfavorecidos piensan que les quitan algo.

El descontento social favorece el racismo y la xenofobia. La gente echa la culpa de sus problemas a los inmigrantes, que están en una situación peor que ellos. Eso les permite, como explica el sociólogo francés Didier Eribon, en su libro Regreso a Reims (2009), sentirse superiores, porque ya no se encuentran al final de la escala social. Franceses y alemanes blancos desprecian a los árabes, que según ellos son sucios e incultos. Esta situación agudiza los conflictos sociales y raciales.

Sobre todo, el populismo de la derecha, se aprovecha del racismo latente en la población. En Francia, el Front National perdió en las lecciones y en Alemania la derecha radical es una minoría. Sin embargo, en Austria el partido conservador de Sebastian Kurz, formó una coalición con un partido xenófobo de la derecha. En Italia dos partidos radicales ganaron las elecciones, y exigen medidas drásticas contra la inmigración. Últimamente la inmigración se ha reducido muchísimo, pero los inmigrantes que ya están dentro de la Unión Europea causan muchos dolores de cabeza, y los países no se ponen de acuerdo en cómo repartirlos.

La posición de Merkel se está debilitando cada vez más en Alemania, igual que en el conjunto de la unión. Donald Trump la criticó duramente. Por todos lados surgen problemas. El aliado norteamericano está desatando una guerra comercial. Tal vez le convenga a Europa acercarse más a Rusia. Todavía no se sabe muy bien qué papel desempeña China en la economía global. Turquía tiene conflictos con Europa occidental y Estados Unidos. Alemania paga a Turquía para internar a los sirios que huyen de su país en campos de refugiados. ¿Será posible que Turquía anule un día este convenio con Alemania y de nuevo los refugiados se dirijan hacia el norte de Europa?

Europa tiene cada vez más problemas, y Merkel ya no tiene el mismo poder de antes para enfrentarlos. Macron ocupa un lugar de líder de la Unión Europea ¿Podrá él encontrar soluciones?

Los alemanes siempre han insistido en un equilibrio financiero dentro de la Unión. Se obligó a Grecia a muchos recortes en su presupuesto y finalmente pudo pagar sus deudas, pero la economía del país está en por los suelos. De todas maneras, se exige otra reducción de las jubilaciones. Italia, la tercera economía de la zona euro, se rebela contra los dictados financieros de Bruselas. Su gobierno populista no quiere sanear las finanzas y rechaza ahorros, en los cuales siempre ha insistido el gobierno alemán. Tal vez un día llegarán también en Alemania los populistas al poder. Todavía falta tiempo, pero antes podría resquebrajarse la Unión Europea.

Los países del sur, por lo menos Italia, ya no están dispuestos a someterse a los dictados de la reducción presupuestal de Bruselas. Por eso el futuro de Alemania y de la Unión Europea es muy incierto.

Bibliografía

*Eribon, Didier. Regreso a Reims. Editorial CYAN, 2009, 256 pp.

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